Cuán complicada se pone la cosa cuando escuchamos a Jesús que nos pone en aprietos: “Si amas a tu padre y a tu madre más que a mí, no eres digno de mí”. Esta es una traducción muy fiel, aunque hay que hacer algunas aclaraciones. Jesús no nos está pidiendo que nos opongamos y odiemos a los nuestros sino que en el ejercicio de nuestra libertad siempre Cristo tiene que ser el primer lugar, lo que no siempre implicará que a nuestra familia le guste. Pero son ellos los que deberán comprender nuestra decisión fundamental de ser discípulos de Jesús. Pero aquí viene la otra tarea: contagiar de esa alegría a los nuestros. Es desde la convicción de fe de donde se puede lograr la conversión de nuestra propia familia a la causa de Cristo. Y esta es una sabiduría que nos sobrepasa, que no es comprensible en términos humanos, pero sí aceptable desde el marco de la fe. Y es que desde la óptica cristiana las realidades de este mundo debe ser iluminadas y reorientadas. Pensemos en la propuesta de Pablo a Filemón sobre el caso de Onésimo, quien servía de criado en casa de Filemón y que de pronto se hallaba con Pablo en la cárcel. Es probable que Onésimo se haya escapado de la casa de Filemón y que luego de haber sido catequizado por el mismo Pablo, se convirtiera a la fe cristiana. Entonces, al ser exhortado Onésimo por Pablo para que regresara, tiene el deber de abogar por él ante Filemón ya que si bien es cierto, seguiría siendo esclavo de Filemón, siendo ya cristiano, las relaciones deberían ser diferentes entre ambos; deben ser relaciones de igualdad y fraternidad. Es toda una nueva visión de la vida y de la sociedad. Y ésta es la propuesta radical del evangelio: ser discípulo de Cristo sí o sí. La idea no es ir en contra de nuestros padres, hermanos, hijos o hijas, sino en llevarlos a que puedan comprender el por qué sigo a Cristo y eso me hace feliz. Si la terquedad de ellos es más fuerte, entonces allí entra a tallar la decisión radical: primero Cristo. Aunque siempre habrá una fuerte ligazón con los nuestros, la tarea no es quedar bien con ellos sino mostrarles lo que implica el camino verdadero de la fe.
Con mi bendición